tel_m\ndo

 

 

 

 

 

 

Origenes de las Telecomunicaciones
El Telégrafo
Interconectando al  mundo.
Los Primeros  Cables Submarinos.
La Red Mundial de Telecomunicaciones
El Teléfono

 

 

telegrafo electrico


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Con la telegrafía eléctrica empieza en realidad la historia de las telecomunicaciones internacionales.

Miemtras existieron los telégrafos denominados(1840-1850) "aéreos"  del tipo que en 1794 propuso Chappe en Francia, estas redes de telegrafo  óptico se limitaron a permanecer dentro de las fronteras nacionales, organizando cada país "su"  telégrafo aéreo en función de sus propias prioridades.  

  En 1836 la edad de los telégrafos  aéreos esta llegando a su fin.  Se esta anunciando otra técnica, que va a permitir en realidad el desarrollo de las telecomunicaciones internacionales:  el telégrafo eléctrico.  

Como muchos inventos del siglo XIX, el telégrafo eléctrico aparece en varios países simultáneamente.  En Estados Unidos, Samuel Morse propone su prototipo al Senado yanqui en 1837.

En esa fecha, en Gran Bretaña, Cooke y Wheatstone se han puesto ya en  contacto con las Compañías Ferroviarias.  Unos y otros, representados por hombres de negocios, intentan convencer a las administraciones europeas de lo obsoleto del telégrafo aéreo.

       Sin embargo, el telégrafo no se desarrolla muy de prisa. Construir redes representa una gigantesca inversión en la que hay que reflexionar.  Cada país lo aborda con su propia cultura.

En Gran Bretaña  son las compañías ferroviarias las que financian las primeras líneas.  Su meta inicial: regular el trafico ferroviario y aumentar la seguridad.  Pero  muy pronto, se abre la red a las correspondencias privadas.  Se crean compañías: la Electric Telegraph Company en 1846, y después la British  Electric Telegraph Company, cuyas líneas se ubican en el Norte del país y en Escocia; por su parte, la English an Irish Magnetic Company crea la red irlandesa e intenta unirla a la red inglesa ala red inglesa, pasando bajo el mar de Irlanda.

         En Prusia, el promotor del telégrafo es un joven oficial de artillería llamado Werner Siemens.

Asociado a un extraordinario mecánico, Simón Halske, propone equipos originales a las autoridades militares en  1847.  En Francia, existe ya una administración de líneas telegráficas que se encarga del telégrafo Chappe.  El gobierno le confía que desarrolle el telégrafo eléctrico.   Sin grandes éxitos al principio, pues es harto difícil pasar de un universo a otro.  Fue preciso un golpe de Estado y la llegada al poder de Luis Napoleón Bonaparte en 1852 para que arranque realmente el equipo de Francia.  Samuel Morse en Estados Unidos apenas si tiene mayores éxitos en sus primeras tentativas.  En el país de la libre empresa.  Considera  el Senado que no es de su incumbencia el desarrollo del telégrafo:  son escépticos los detentores de capitales  finalmente, la conquista del Oeste, al declarar el Ferrocarril  y el Telégrafo, es la que dará a raíz de 1865, su autentica dimensión a la red norteamericana.

Mientras tanto, se han equipado todos los países europeos, Rusia los países de Oriente y Sudamérica.  El Telégrafo penetra en Australia en 1853, en Japón en 1860.

             A partir de 1855, la mayoría de los grandes países del mundo poseen pues, si no una red, por lo menos algunas estaciones,  y ¿qué cosa mas natural entonces sino interconectar las redes, considerando sobre todo que las actividades que utilizan el telégrafo son básicamente internacionales?

Efectivamente, él trafico telegráfico hacia 1850-1860 esta constituido fundamentalmente por despachos diplomáticos y gubernamentales, correspondencias de prensa, ordenes comerciales, cotizaciones bursátiles.

Sectores  estos de actividad que se van desarrollando muy  naturalmente a través de las fronteras.  Simultáneamente el desarrollo de los transportes  transmuta la escala de los mercados.  En tierra se internacionalizan las redes ferroviarias.   Insignificantes hacia 1850, las redes nacionales quedaran terminadas en lo fundamental en 1870.

Efectivamente, a  raíz de 1850m, año en que finaliza la gran crisis económica, se construyen los ferrocarriles a un ritmo acelerado, siendo constituidos sobre todo en redes coordinadas.  En 1840, existían 770.000 Km. de vías instaladas en el mundo;  En 1913,  ya 1.100.000 km.  Mientras  tanto, se crearon grandes arterias intercontinentales.

La transcontinental Nueva York-San Francisco quedo terminada en 1869; la línea transcanadá Halifax-Vancouver en 1860; en Rusia, para unir Vladivostok, fundada en 1860;  a la Rusia de Europa, se precisaban de 40 a 50 días por una pista, impracticable además en tiempos de deshielo. En 1890, se decidió la  construcción de Transiberiano; no se le terminara totalmente hasta 1903.

Otros  enlaces deben unir Constantinopla a Bagdad, mientras que en las Indias se construye una completísima red. 

             La “Revolución Ferroviaria” procura extraordinarias ganancias de tiempo.  Por las calzadas romanas, se recorrían 100 Km. diarios; a principios del siglo XIX, con la posta rápida, 250 Km. desde 1900 en Europa por lo  menos se podían hacer en ferrocarril 1,200 Km. diarios...

            En el mar interviene una evaluación parecida.  Los buques de vapor toman el relevo de los grandes clippers hacia mediados del siglo, en el momento en que aparece el telégrafo.  Representan los mismos el apogeo de la  marina de vela.  La travesía de Londres a Melbourne dura entonces de 90 a 100 días: los clípers la reducen a 75 días a raíz de 1850.  Se logra ir en 15 días desde Glasgow a Q            uebec.  Pero en 1837 se creo el primer servicio transatlántico.  En 1862 los buques de hélices de la Cunard tan solo tardan 9 días en cruzar el Atlántico.  Su tonelaje aumenta incesantemente. Transportan a las factorías de Manchester el algodón norteamericano y la lana australiana.  Pronto el trigo estadounidense inundo a Europa, mientras que enviaba esta sus productos manufacturados al Nuevo Mundo, Rusia, el Extremo Oriente.

             Las redes telegráficas acompañan y permiten esta mundialización de los mercados.  Proporcionan primero una formidable eficiencia a  los transportes.   Permiten que armadores y negociantes optimicen el movimiento de buques y mercancías,  administrando simplemente su trafico las  compañías ferroviarias.  Por otro lado, organizan los mercados mercantiles como tales, poniendo en presencia, a miles de kilómetros, a  compradores y vendedores, con lo que se pueden fijar precios y establecer cotizaciones.  Solo atañe ello por supuesto a una fracción de la actividad económica.  No están implicados sino los sectores en los que tiene la información el suficiente valor para justificar el costo sumamente elevado de los primeros telegramas.  Por ello,  la diplomacia, prensa, seguros marítimos y gran comercio se cuentan entre los primeros clientes del telégrafo.  Incluso aseguran a veces directamente los riegos financieros de establecimiento de algunos grandes enlaces.  No es de extrañar entonces que la geografía del telégrafo siga a la de las grandes corrientes mercantiles y políticas y especialmente las líneas de fuerza de la expansión colonial.

        Técnicamente la expansión internacional de las redes sé hace de dos modos.  Primero los empresarios proceden a la interconexión de las redes nacionales, especialmente en Europa y Rusia. Segundo, se realizan enlaces específicos:  los grandes cables submarinos.  Son estos a menudo la obra de gigantescos consorcios industriales cuya magnitud y ambiciones tan solo se pueden comparar a lo que representaron para el siglo XX los programas espaciales:  del mismo modo que la conquista del espacio ha movilizado a sabios e industriales en los últimos 40 años, el tendido de los primeros cables transoceánicos a raíz de 1850, tanto  bajo el Atlántico Norte como el Mediterráneo, Mar Rojo o Océano pacifico o también el establecimiento de largos enlaces terrestres a través de los amplios espacios del Norte de Rusia, Alaska o Persia, representaron en su tiempo una especie de frontera de la ciencia.  Para tener éxito, los promotores de tan gigantescas empresas tuvieron que movilizar considerables capitales, recurrir a los mejores sabios y basar el éxito o fracaso técnico del programa en una especie de doble o nada cuyas peripecias seguía con interés la opinión publica, a veces con pasión.  

           En cambio, la interconexión de las redes terrestres fue siempre menos espectacular, muy sencillamente por respaldarse sobre todo en el mejoramiento de la gestión:  era preciso que las diversas administraciones interesadas adoptaran equipos homogéneos, procedimientos operatorios comunes, se fijasen las tarifas, se codificara el reparto de los ingresos.  Problemas organizativos y gestiónales a una escala sin precedente, pero que no tenían hada de extraordinario en aquellos años del siglo XIX cuando se  estaba  construyendo el occidente industrial.

En aquella época, Correos, Ferrocarriles, pero también Meteorología, Pesos y Medidas procedían a congenio y codificaciones que muy a menudo fueron sancionados por el nacimiento  de las “Uniones Universales”.

tomado de: Los grandes descubrimientos, Las Telecomunicaciones, publicación de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT).